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Argentina prolonga la cuarentena hasta el 10 de mayo, pero la suaviza

Las medidas de confinamiento se reducen en las ciudades de menos de 500.000 habitantes y se permiten salidas “recreativas” de una hora, incluso a los menores

Argentina seguirá en cuarentena dos semanas más, hasta el 10 de mayo. Pero las condiciones del confinamiento serán un poco menos estrictas: se podrán realizar paseos de hasta una hora y los gobernadores provinciales dispondrán de autonomía para decidir qué actividades económicas se reabren, aunque centros educativos y recreativos permanecerán cerrados. El presidente Alberto Fernández compareció ante las cámaras en la noche del sábado para anunciar tanto la prolongación como la suavización y afirmó que, hasta el momento, las medidas de cautela contra la pandemia estaban funcionando bien.

Fernández señaló que los grandes problemas se concentraban en los grandes núcleos urbanos y conurbanos, como Buenos Aires, Córdoba, Rosario o Mendoza. En cambio, dos provincias (Catamarca y Formosa) no habían registrado ni un solo contagio. Esa disparidad aconsejaba, según el presidente, una flexibilización a ritmos desiguales. Los gobernadores podrán decidir ulteriores medidas de relajación, especialmente centradas en la vuelta al trabajo, siempre que se cumplan cinco condiciones: que el número de contagiados no se duplique en menos de 15 días (en el conjunto de Argentina el plazo es ahora de 17 días), que el sistema sanitario local esté capacitado para acoger nuevos enfermos, que la densidad demográfica y las condiciones socioeconómicas sean apropiadas, que no más del 50% de la población laboral se movilice (en el conjunto de Argentina trabaja ahora el 25%) y que no se produzcan situaciones de “contagio comunitario”.

La idea fundamental expresada por el presidente consistía en permitir una paulatina y controlada vuelta al trabajo sin bajar la guardia sanitaria y manteniendo bajo especial vigilancia las grandes ciudades. El número de víctimas mortales por la covid-19 hasta el sábado, 186 según la contabilidad oficial, parecía demostrar que la estricta cuarentena implementada desde el pasado 20 de marzo estaba surtiendo efecto. Además de contener en un nivel relativamente bajo la cifra de fallecimientos, dijo Fernández, la cuarentena había permitido preparar el sistema sanitario para un probable agravamiento en las próximas semanas: habían sido adquiridos 700 nuevos respiradores, se habían incorporado 11.518 camas hospitalarias y 4.031 nuevos empleados sanitarios y se habían construido doce hospitales modulares.

Para la población argentina en su conjunto, la gran novedad fue la autorización de salir de casa más allá de actividades básicas como ir a comprar alimentos o medicamentos y, en el caso de los autorizados, a trabajar. Todo el mundo podrá pasear una hora diaria, sin alejarse de casa más de 500 metros. Eso incluye a los niños (siempre acompañados) y a los adolescentes, que podrán desplazarse solos. Fernández insistió en la necesidad de no usar transporte público salvo en casos imprescindibles y de mantener las medidas básicas de precaución, como el uso de mascarillas y el respeto de las distancias mínimas. También aconsejó a los incluidos en los grupos de riesgo (mayores de 60 años, enfermos y embarazadas) que evitaran las salidas.

Las fronteras, el transporte aéreo, los eventos públicos (desde los partidos de fútbol hasta las misas), los restaurantes y hoteles, los gimnasios, cines, teatros y museos seguirán cerrados. Y tanto los gobernadores como el Gobierno nacional podrán revertir las medidas de relajación, tanto laborales como recreativas, en caso de que las circunstancias de la pandemia empeoren. “Puede haber marcha atrás”, advirtió Alberto Fernández.

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El Pais
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